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sobre silencios, opiniones e informaciones I

Cuando comencé este blog, añadí un texto que aludía a la necesidad de que ciertas excreciones tuvieran una facil salida del cuerpo a fin de que no se quedaran por ahí a media tripa. Sin embargo, no es ese el único motivo por el que alguien como yo puede tener la necesidad de hacer públicas ciertas divagaciones.

Aparte del hecho de que agosto me ha cogido inadvertidamente de vacaciones, y del hecho de que este verano he tenido que trabajar triple para poder ir de vacaciones un par de semanas, con lo que eso lleva consigo de cansancio y estress… He sido de nuevo asaltado por una sensación que hoy, mientras me daba una ducha, he comenzado a verbalizar desde la intuición al discurso apenas inteligible.

Hace tiempo que mi ánimo oscila entre la necesidad de comunicar y la sospecha de que, en realidad, no solo mi opinión no es mas que ruido de fondo, barullo, cacareo, sino que además mi discurso oscurece y desinforma lo que pretendo aclarar.
Hace tiempo que tengo la sensación de estar mas guapo callado.

El otro día, por ejemplo, fuí a ver “Alatriste”, la película, con mi mujer. Era el día del estreno y el pase terminaba de madrugada, así que, después de la peli, toda la reflexión y la concienciación tuvo que esperar al día siguiente. Mi mujer no había leido nada de Perez-Reverte y tiene tanto de friki como de miembro del santo oficio, sin embargo, la peli le encantó.
Yo salí contento del cine, mas, si cabe, que de “Piratas del Caribe, el Cofre del Hombre Muerto”, donde se notaba mucho mas que la peli no era mas que “el chow de Jack Sparrow”.
A lo largo de la mañana, fué inevitable ir leyendo mala crítica tras mala critica. Alatriste era el tema estrella en mi lector de RSS. Evidentemente, conforme las telarañas desaparecían, el café penetraba entre las circunvoluciones cerebrales y meditaba sobre las opiniones de otros, la mía fue variando su forma. Eso dió lugar a un par de acontecimientos curiosos :)

Una de las críticas, a mi juicio, mas duras, la exponía David de Ugarte a eso de las 12 del medio dia. La crítica cinematográfica en sí no fué lo que mas me llamó la atención, sino la lectura política que hizo de la última escena. Lectura que no compartí ni comparto. Así que, ni corto ni perezoso (pero aún un poco adobao) me dispuse a hacer uso de esos formularios que ponen en los blogs para que la gente se ponga de manifiesto (como a la columna del garaje, no lo puedo evitar) y clavé mi opinión en él con alegría y donaire :)

No estaba claro, no me lo esperaba, pero el caso es que David no solo tuvo a bien permitir que mi comentario permaneciera colgando de su blog sino que además contestó amablemente a lo que yo objetaba. Claro, ahí es donde el oscuro encanto de los formularios pudo conmigo y continué la discusión, pobre de mi, olvidando que NO se pueden editar :S
De repente, tengo un problema. Yo, que tengo la costumbre, mala o buena, no se, de escribir del tiron y sin apenas revisar texto, me encuentro con que he dicho algo que, no siendo falso, si es muy ambiguo y necesita de muchas matizaciones.
De repente, me encuentro con que algo que no se corresponde exactamente con mi opinión, que es un comentario apresurado y que, encima, sin manual de instrucciones, huele, como poco, raro, [ese algo], ha quedado “perpetuado” en una de las bitácoras hispanas con mas visitas. Uff!
No solo eso, sino que, además, la clave de la discusión, la intencionalidad o no del discurso españolista, imperialista y retrógado que David entreveía en la última escena (y en toda la peli) y que para mi no llegaba ni a pose, quedaba sin resolver. Cuestión de contextos.

Llevo ya tiempo dándole vueltas al tema de los contextos. Los contextos sociales, educacionales, culturales e ideológicos en los que nos hemos criado y que se cuelan de forma inevitable en todos nuestros gestos. Hace mucho que guardé mis apuntes de semiótica y metí a Benjamin, Eco, Derrida y Habermas en el cajón, con lo que seguramente lo esté confundiendo todo. Ahora bien, aunque las raices del pensamiento estén sin etiquetar y enredadas con mitología, cerveza, mística y sociología de bar, no por ello la flor del pensamiento deja de ser mia y de tener coherencia.

¿Hasta que punto estamos a salvo de que determinadas mugres se filtren desde nuestras raices mas antiguas y profundas y se hagan visibles en nuestros gestos cotidianos?. ¿Podemos, honestamente, reclamar que nuestra limpieza está fuera de toda duda y denunciar la suciedad que se filtra en el discurso del vecino?. Cuando Alatriste dice en su última escena “Somos un tercio español!”, ¿está reclamando para si toda la gloria de españa y su imperio? o ¿se limita a enunciar una obviedad?. ¿No es buscar 3 pies al gato el deconstruir un discurso españolista desde esa frase?.

Hace años, mi padre y un amigo debatian sobre politica, y sobre los trapos sucios que entonces se sacaban de unos y otros. Rondariamos 1990 o así. Mi padre nació en el 39, su amigo no mucho mas tarde. Mi abuelo paterno fué presidente del sindicato vertical de la madera, mi padre, empresario y autónomo, su amigo, socialista y profesor de formación profesional. El debate: hasta donde estaban cada uno de ellos libres de haber sido educados en una escuela nacional-catolica que no tenía mas intención que la de formar buenos nacional-católicos. Complicado.
¿Hasta donde somos libres?, ¿hasta donde no somos perpetuadores de tics que, de forma apenas perceptible, se han quedado ahí metidas entre un par de neuronas?

No recuerdo si fué o no Sartre el que dijo que la vida era una constante elección y todo el resultado de infinitas elecciones, que la tragedia del hombre era la obligación de elegir. Tampoco importa que fuera o no él, pero… ¿cuando nuestro discurso, nuestras opiniones, están libres de “filtraciones” ajenas?, ¿cuando las filtraciones que advertimos en otros son intencionadas y cuando meras consecuencias de un entorno cultural, social y político inevitables?.

Y entonces llega el dilema, el saberse inevitablemente pinchado de ruido ideológico, cubierto de microscópicos ácaros culturales que en cualquier momento pueden sugerir al lector lo contrario de lo que uno pretendía…, si el interlocutor decide poner su vista en ellos y no en nuestros ojos, nariz, boca, lenguaje corporal….. Llega el tener una opinión, que aún no está madura, que solo es una opinión, intuitiva, no un discursso perfectamente estructurado. ¿Que hacemos?, ¿hasta donde tenemos algo que decir?, ¿hasta donde no estaremos contribuyendo a lo contrario de lo que pretendemos?…

Continuará…

PD: Este texto ha sido corregido 1 vez

  1. Merlucio
    9 septiembre 2006 a las 22:00

    Lo malo no son esos “tics” profundamente arraigados en nuestro subconsciente, que hacen que las respuestas a ciertas situaciones sean automaticas, y en ocasiones, erroneas.

    Lo malo es la radicalizacion de esas influencias, por parte de partidos politicos, pero sobre todo, por parte de los medios de comunicación. Esa radicalizacion que lleva a que leer una misma noticia en el Pais y en Libertad digital te haga preguntarte si sera cierto que existen realidades paralelas, y que los discipulos de Polanco viven en un plano muy alejado de los de Losantos

    Mientras tanto, quizas lo mejor sea refugiarse en peliculas y novelas, ya que, puestos a leer realidades inventadas, por lo menos que sean amenas

  2. 8 noviembre 2006 a las 1:00

    Bueeeeeno, ¿entonces al final no está tan claro que seamos los asquerosos delincuentes sin escrúpulos que pretenden los acólitos de Teddy Bautista?

    Sorpresas te da la vidaaaaa…
    Teddy Bautista matón de esquina,
    quien tanto se querella,
    denunciao terminaaaaa…
    La vida te da sorpresas…

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